«Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad»: esta conocida frase de Goebbels se podría aplicar perfectamente a la gran conspiración de engaños y embustes que, en base a manipular y tergiversar descaradamente nuestra historia, han hecho de la Segunda República española el paradigma de la libertad y la democracia, inhumanamente arruinado en una cruenta guerra civil por una sublevación fascista que arrasó con un sistema político legítimamente elegido por la voluntad de un pueblo.

Así lo afirmaba el 19 de julio de 1936 ante los micrófonos del Ministerio de la Gobernación Dolores Ibárruri ―la lideresa de un partido comunista prosoviético «experto» en las libertades democráticas de las purgas y las chekas ―: «¡Obreros! ¡Campesinos! ¡Antifascistas! ¡Españoles patriotas!… Frente a la sublevación militar fascista ¡todos en pie, a defender la República, a defender las libertades populares y las conquistas democráticas del pueblo!…

¡Trabajadores de todas las tendencias! El gobierno pone en nuestras manos las armas para que salvemos a España y al pueblo del horror y de la vergüenza que significaría el triunfo de los sangrientos verdugos de octubre» ―octubre en el que se produjo un intento de golpe de estado de las izquierdas republicanas contra el gobierno centrista elegido en 1933―.

Este falseamiento descarado de uno de los hechos más relevantes de nuestra historia empezó a ejecutarse a partir de la Transición, cuando España fue invadida por una marea socialdemócrata ―apadrinada por el siniestro Club Bilderberg, por supuesto― que inoculó en nuestra sociedad el terrible virus de la ideología progre, la cual empezó a amasar el pensamiento políticamente correcto con el que se ha perpetrado un lavado de cerebro sin parangón en nuestra historia.

Casi tres generaciones de españoles han sido maleducados en la perniciosa creencia de que nuestra guerra civil fue una contienda entre la libertad y el fascismo, con unos libros de texto tendenciosos, y un ambiente sociocultural que demoniza la España franquista, que califica como «facha» todo lo que pertenece al ámbito de la derecha, a la vez que santifica todo lo izquierdoso y progre.

Así es como llegamos a la vergonzosa Ley de Memoria Histórica, producto de un revanchismo guerracivilista con el que los perdedores quieren revertir su derrota del 39, desenterrando cadáveres, cambiando el nombre de calles que lleven el nombre de los vencedores, volviendo a levantar grotescos puños en alto, izando banderas republicanas ilegales con escenitas que pretenden remedar ridículamente a la americanada de Iwo Jima. Sí: los perdedores, como siniestros zombies, han vuelto.

Mucho tiempo hemos sido engañados, porque la cuna de los españoles la han mecido con cuentos, como diría León Felipe. Engañados por lo menos 400 veces, cifra que marca aproximadamente el número de golpes que ejecutó la nefasta y golpista Segunda República.

«400 golpes»: ése es el título del primer largometraje de Francois Truffaut, que dirigió y coescribió en 1959. El título hace referencia a una expresión francesa que podría traducirse como «hacer las mil y una», en alusión a las numerosas trasgresiones que hace el adolescente que protagoniza la película, expresión que a su vez podría explicarse como «hacer todas las tonterías posibles». Sólo que las mil y una trasgresiones de la ley, la justicia, el orden y la libertad que ejecutó la Segunda República no se pueden calificar precisamente como tonterías, sino más bien como golpes de estado: «coups de force», para decirlo a la francesa.

Aún antes de que los republicanos perpetraran el alevoso pucherazo con el cual falsearon el resultado de las elecciones del año 31, intentaron derribar el legítimo gobierno monárquico con un auténtico golpe de estado. Solamente por este hecho, la Segunda República carece de toda legitimidad para acusar de golpistas a los militares sublevados en el 36.

Todo empezó el 17 agosto 1930, cuando la Alianza Republicana promovió el llamado «Pacto de San Sebastián», reunión a la que asistieron representantes de todos los partidos republicanos, en la cual se acordó una estrategia para derribar la monarquía y proclamar la Segunda República. En octubre de 1930 se incorporaron a la conspiración golpista el PSOE y la UGT.

El plan consistía en provocar un pronunciamiento militar el 15 diciembre de 1930 en la ciudad de Jaca, que debería ser acaudillado por los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández. Al mismo tiempo, se convocaría una huelga general revolucionaria en toda España, dirigida por los socialistas. El objetivo era «meter a la Monarquía en los archivos de la historia», y establecer «la República sobre la base de la soberanía nacional en una Asamblea Constituyente».

La dirección de esa conspiración residía en un Comité Revolucionario, donde estaba la plana mayor de los republicanos más destacados, como Aniceto Alcalá-Zamora, Miguel Maura, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Manuel Azaña, Casares Quiroga, Indalecio Prieto, Francisco Largo Caballero, y otros. Como se ve, no faltaba ninguno de los peces gordos que protagonizarán la Segunda República. Como se ve, todos eran unos siniestros golpistas. Ese Comité Revolucionario nombró incluso un Gobierno Provisional, que fue el que protagonizó el pucherazo tras las elecciones del año 31.

El pronunciamiento fracasó, pues sus líderes lo adelantaron al día 12, y además la huelga no tuvo éxito, pero eso no fue óbice para que la República venerara como mártires a los dos golpistas sediciosos, incluso con una coplilla machadiana y todo: «La primavera ha venido/ de brazos del capitán./ Niñas, cantad a corro: ¡Viva Fermín Galán!». Los conspiradores fueron detenidos, y comieron las uvas en la cárcel Modelo, menos Alejandro Lerroux.

Curioso que, en estos tiempos en los que se pretende desterrar la supuesta memoria golpista de la España de Franco, los golpistas Galán y García Hernández tengan un monumento sito en una calle con su nombre, nombre que todavía no ha sido cambiado en virtud de la Ley de Memoria Histórica, como tampoco ha cambiado de denominación el nombre de otras calles de la ciudad que homenajean a otros héroes golpistas republicanos. Incluso existe una ruta histórica cultural sobre los lugares más importantes de aquel pronunciamiento golpista.

Este «coup de force» fracasó, pero fue el anuncio y el germen del pucherazo del 31, otro golpe de estado republicano, que se llevó a cabo sin militares sublevados y sin huelgas generales, pero que no por eso perdió su naturaleza fascista de sublevación ilegal contra un gobierno legítimo, a raíz del cual el antiguo Comité Revolucionario se convirtió en el Gobierno de la República, que la propaganda izquierdosa que ha laminado la sociedad española pretende presentar como legítimo y legal.

Mucho tiempo hemos sido engañados… porque la historia de España la manipulan con cuentos.

También lo dijo Goebbels: «Miente, miente, miente, que algo quedará: cuanto más grande es una mentira, más gente la creerá».

SERIE COMPLETA DE ARTÍCULOS:

Los 400 golpes de la segunda República (y 6): la Puerta del Infierno

Los 400 golpes de la segunda República (5): rebeliones en la granja
Laureano Benítez Grande-Caballero

Los 400 golpes de la segunda República (4)

Los 400 golpes de la segunda República (3)

Los 400 golpes de la Segunda República (2)

Los 400 golpes de la Segunda República (1)