Estamos sobreviviendo en un precipicio y ya no mantenemos el equilibrio. La pregunta no es “¿Cuánto tiempo vamos a seguir aguantando que nos acorralen?”, ya no hay tiempo, en todo caso preguntarse “¿Cuántos más tienen que caer para unirnos?”.

Parece que hay que esperar, y no mucho, a que haya más gente que les quiten a sus hijos, que les separen de sus nietos, centros de acogida donde cada niño vale mucho, mucho dinero, secuestros para fines rituales, secuestros para tráfico de órganos, prostitución, asesinatos…sin encontrar protección o justicia ante tales aberraciones y extravagantes perversiones.

Nuestros centros penitenciarios están más por la labor de generar riquezas para empresas y bancos, que en la integración del individuo conflictivo. Desde la aparición de la llamada democracia nunca ha habido tantos presos en las cárceles, no encaja eso de que los presos salen caros, dependerá del lado donde nos encontremos. Cuando se mencionan centros o asociaciones aparece la ecuación de la rentabilidad.

Mantenemos una justicia y cuerpos de seguridad focalizados en desahuciar y criminalizar a los españoles, protegiendo a las mismas élites que han montado todo este “modelo del terror” y, sobre todo, en corregir el comportamiento de las masas disidentes con una moral cristiana.

Parece que hay que esperar, y no mucho, a que se decidan las suficientes eutanasias sin razón alguna, dependiendo de los intereses del sistema, como si de abortos o algún estorbo se hablara.

Esperar, no solo a que colapse el sistema de pensiones, España está en bancarrota desde hace muchos años, todos los funcionarios públicos, todos sin excepción, cobran deuda a principios de mes, al igual que nuestros mayores, el saco fue el mismo desde hace tiempo y ya no hay saco, era virtual.

Esperar a que invasores, que no respetan la vida, la vida en ninguno de los aspectos y diversidades que presenta el planeta Tierra, que nunca han aportado nada a la humanidad, que nunca se han aportado nada ni a ellos mismos, nos destruyan y destruyan nuestra cultura, y nuestra cultura no solo es nuestro patrimonio artístico, nuestra lengua e historia, esa cultura formó y organizó un estado de bienestar, integrado por los mismos que hoy son cómplices de someter, de manipular, de asesinar, de secuestrar, de abusar, de desahuciar, de envenenar…enalteciéndose bajo la máscara de cumplir con su trabajo, colaborando en la transformación de un Edén en un desierto con apenas unas charcas fangosas.

Son los mismos que comen de la mano que les someterá, les desahuciará, y asesinará, la historia muestra lo mucho que aman la traición y lo poco que les gusta el traidor.

¿Va a ser ésa la única alternativa?. Esperar a esa masa crítica, la suficiente como para enfrentar a un sistema que les ha abierto una herida tan profunda que están dispuestos a todo para que este sistema vuelva al infierno de donde salió.

¿Dónde está el límite para parar este sufrimiento humano, cuántos inocentes hacen falta todavía para que se abran esas heridas?

 Asunción Argüello

prec