El grupo de banca de inversión y valores Goldman Sachs, uno de los más grandes del mundo, ha desatado un debate, ya por muchos conocido, dirigido a la industria farmacéutica, sobre la rentabilidad de curar o no enfermedades.

En concreto, Goldman Sachs se refiere al sector de la biotecnología, especialmente aquellas empresas involucradas en el tratamiento pionero de la terapia génica, tal y como se conoce el proceso de substituir genes defectuosos por genes sanos, agregar genes nuevos para ayudar al cuerpo a combatir o a tratar enfermedades, o desactivar genes problemáticos.

En un informe dado a conocer el pasado 10 de abril y publicado un día después por la CNBC, titulado ‘La revolución del genoma’, se plantea la pregunta: ‘¿La curación de los pacientes es un modelo comercial sostenible?’, y la respuesta es tajante: ‘No’.

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Nota de DN: como hemos denunciado algunas veces, los planes del Nuevo Orden Mundial no se limitan a robarle la soberanía a los pueblos para conseguir su Gobierno Mundial o modificar de manera radical los pensamientos de las personas para transformarlas en «ciudadanos del mundo» más proclives a aceptar ese traspaso de soberanía a instituciones extranjeras.

También está la geoingeniería, la promoción de una pirámide alimentaria desastrosa que demoniza a las grasas naturales y al colesterol y que nos atiborra con un exceso de azúcares e hidratos de carbono que dañan nuestro organismo y que pueden acabar enfermándonos. Pero también se daña nuestra salud mental: el estrés, la alienación de las personas, la soledad, los excesos del mundo moderno, no llevar una vida sana…nos pueden llevar a tener problemas mentales o de depresión.

Para solucionar los problemas de salud física o mental se nos vende como solución a la industria farmacéutica que, en muchos casos, más que la solución, es parte del problema, pues a veces parece que le interese mantenernos en situación de enfermedad crónica para aumentar sus beneficios.

Sólo en Estados Unidos, la muerte por opiáceos ha alcanzado el nivel de epidemia en 2016, año en el que murieron más de 64.000 personas por su consumo. La industria farmacéutica está en el punto de mira y ya se preparan denuncias contra ella en todo el país. Se acusa a empresas gigantescas de publicidad engañosa y de ocultar a los consumidores el potencial de adicción de las pastillas de opiáceos. De fondo, subyace una poderosa conexión entre fármacos y heroína. Cuatro de cada cinco nuevos consumidores de heroína aseguran haber abusado antes de pastillas contra el dolor. Cuando se quedan sin recetas para comprarlas, la desesperación les lleva a pincharse. Y muchas miradas apuntan a la actuación de médicos.

En el punto de mira de todos está el fármaco Oxycontin, producido por la farmacéutica Purdue Pharma, de la multimillonaria familia Sackler. El Oxycontin es un analgésico que se sintetiza a partir de la tebaína, una sustancia presente en el opio. Todo esto nos recuerda demasiado a aquellas «guerras del opio» del siglo XIX, en las que el Imperio Británico y los Sackler de la época forzaron a los chinos al consumo masivo de opio para seguir haciendo beneficios fabulosos ¿se repite la historia?¿cuál fue el objetivo real de la guerra de Afganistán?¿volvemos a estar en una nueva guerra del opio en la que las víctimas son las personas de a pie? Sabemos que todo lo que empieza en Estados Unidos acaba llegando a Europa, así que estemos atentos.

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