Este 11 de noviembre de 2017 se cumplen 10 años de los sucesos que llevaron a la cárcel al militar Josué Estébanez.

El 11 de noviembre de hace diez años, Democracia Nacional había convocado una concentración en el madrileño barrio de Usera con el lema «contra el racismo anti-español». Se pidió el permiso correspondiente y éste fue autorizado.

En paralelo, y como ocurre casi siempre cuando un partido Nacionalista convoca un acto público, la ultraizquierda se organiza para, de manera totalmente ilegal y violenta, reventar la concentración. Aquel 11 de noviembre no fue una excepción y cientos de militantes de la extrema izquierda más radical intentaron que la concentración no se produjera, provocando disturbios y formando grupos que se movían en el Metro de Madrid con la intención de «cazar fascistas».

Sorprendió la actitud pasiva de las Fuerzas de Seguridad que, ante el gran número de ultraizquierdistas y su violencia, tomó medidas totalmente insuficientes para contener su violencia. La concentración no se pudo celebrar por el boicot de la ultraizquierda. Pero es que, de manera totalmente sorprendente, la misma policía animaba a los simpatizantes de DN que habían acudido a la concentración a que se marcharan de la misma cogiendo el Metro. En un momento en el que el Metro estaba lleno de hordas de ultraizquierdistas violentos, aquello era un intento claro de llevar a los simpatizantes de DN a una encerrona para ser linchados. Todo indica que fue una maniobra deliberada de Delegación del Gobierno para provocar enfrentamientos entre militantes de DN con la ultraizquierda para justificar una posterior ilegalización de DN.

Uno de aquellos ultraizquierdistas era Carlos Palomino, militante antifascista radical muy violento que, junto a otros como él, se movía por el Metro de Madrid buscando militantes Nacionales a los que atacar. En uno de los vagones del Metro se encontraron con Josué Estébanez, militar al que, por su estética, confundieron con un militante Nacional que iba a la concentración. Al subir al vagón, los ultraizquierdistas, muy numerosos, rodearon a Josué con una actitud amenazante, mientras Carlos Palomino empezó a dirigirle la palabra de forma amenazante. Viéndose rodeado por una turba violenta que le creía un enemigo político y, previendo que iba a ser atacado y linchado, Josué se adelantó y, en defensa propia, sacó un cuchillo para defensa personal y atacó a Palomino. Acto seguido, Josué huyó del vagón siendo perseguido por una turba de antifascistas que le dieron alcance dándole una paliza salvaje. Palomino murió poco después.

En el juicio, el abogado de Palomino (Erlantz Ibarrondo, defensor habitual de delincuentes antifascistas y relacionado con el entorno batasuno) y  la ultraizquierda supieron jugar la baza de los medios de comunicación, siendo La Sexta y Público sus principales aliados a la hora de mentir y de lanzar calumnias contra el militar Josué, al que su propio gobierno dejó tirado llegando a declarar el Ministro del Interior Rubalcaba que «Carlos (Palomino) era uno de los nuestros».

A Josué se le aplicó el agravante de odio ideológico (cuando su ideología patriótica tendría que haber sido un eximente frente a una turba de violentos anti-españoles de extrema izquierda) y fue condenado por el Tribunal Supremo (el mismo que multiplicó por ocho las penas para los acusados del caso Blanquerna) nada más y nada menos que a 26 años de cárcel, algo inaudito y completamente desproporcionado viendo cómo ocurrieron los hechos y comparando con el trato que han recibido muchos terroristas de ultraizquierda de ETA que han pasado bastante menos de 26 años en la cárcel cuando han cometido asesinatos salvajes y a sangre fría de muchas personas inocentes.

Desde DN pedimos que se acabe de una vez con esta situación tan injusta que está viviendo Josué Estébanez y que sea liberado de inmediato.

josue