La victoria de Donald Trump es un auténtico puñetazo en la cara del Sistema norteamericano que se había adueñado de ese país y lo había estado usando a su antojo durante los últimos cien años, por lo menos. Trump era un «intruso», no pertenecía a esa élite anglosionista que había montado una farsa democrática que, con la apariencia de dos partidos, en realidad era uno solo. Un complejo político-militar-financiero-económico-mediático que estaba saqueando y sangrando a las clases medias y trabajadores estadounidenses, en especial a las blancas, que han sido el granero de votos para Trump aunque, en contra de lo que se ha dicho, parte del voto negro e «hispano» también ha ido al magnate, lo que indica un hartazgo masivo de la población hacia sus élites.

Las promesas de Trump no pueden ser más esperanzadoras: control de la inmigración masiva, rechazo a la ingeniería social, auditoría de la Reserva Federal, acabar con la competencia desleal china, frenar la islamización del país, acabar con el ISIS, proteger a las clases trabajadoras del país…en definitiva, lo contrario de lo que estaban haciendo las actuales élites. Trump ha vencido contra todo. Todo el Sistema americano ha estado en su contra, lo que indica que esta dictadura de las élites disfrazada de democracia ha llegado a su fin. Es cierto que algunas élites americanas patriotas, hartas de las continuas traiciones de los anglosionistas contra el pueblo americano, han apoyado a Trump, pero también es cierto que su mérito es incuestionable. Trump, al contrario de lo que se dice, representa a la auténtica tradición americana. Esperemos, que la recupere para el bien de esa gran nación y de todo el mundo.

Aunque tiene nuestro apoyo no le vamos a dar un cheque en blanco. Sabemos que no lo va a tener fácil. La traición la tiene dentro de su propio partido y los anglosionistas van a morir matando. También ha tenido algunos colaboradores y financiadores bastante poco recomendables, como preocupantes han sido sus continuas declaraciones a favor del Estado de Israel, que no casan con la intención de Trump de dejar de apoyar guerras en Oriente Medio, cuyo motivo precisamente es asegurar la supremacía de Israel en aquella zona. Mientras Hillary Clinton era partidaria de la guerra sin fin en Oriente Medio y contra Rusia, Trump ha declarado su intención de parar las guerras y de tener buenas relaciones con la Rusia de Putin. Con Trump la paz tiene una oportunidad. De todas formas, en DN esperaremos a sus primeras decisiones para poder valorarlas con mayor concreción. Por nuestra parte, felicitarle de nuevo y desear que este nuevo viento que empieza a soplar en Estados Unidos y en cada vez más partes de Europa pueda llegar pronto también a España.

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