En un artículo publicado recientemente en Red Voltaire, el analista en geopolítica Alfredo Jalife afirman que «el explosivo escándalo sexual de Weinstein pone en la picota a los Clinton y los Obama».

El presidente Donald Trump había prometido limpiar los establos de Augías y eso es lo que ha comenzado a suceder en Hollywood con el escándalo Weinstein. Por iniciativa suya, o simplemente con su apoyo, están cayendo los principales magnates de Hollywood y en su caída arrastran a los puritanos del Partido Demócrata. En el contexto político de Estados Unidos, este escándalo es el preludio de una operación similar que tendrá lugar contra los grandes personajes de Silicon Valley y desembocará en el Calexit.

No es un asunto menor. Hollywood, uno de los principales feudos del poder estadounidense, y sus subterráneas costumbres eróticas sufrieron el demoledor asalto simultáneo de The New York Times y de The New Yorker que expone la sexo-sicopatía del israelo-estadounidense Harvey Weinstein y saca a la luz sus crapulosas conexiones políticas y financieras. El explosivo escrito de The New Yorker –rechazado por la censura selectiva de NBC– fue escrito por Ronan, el hijo de la actriz Mia Farrow. Noah Oppenheim, director de NBC, es íntimo correligionario de Harvey Weinstein.

Sin rodeos literarios, el superlativo sexo-escándalo del legendario productor Harvey Weinstein en Hollywood, con 64 mujeres violadas y/o acosadas durante medio siglo (sic), beneficia a Trump –quien estuvo a punto de perder la candidatura del pudibundo Partido Republicano por su descontrol manual con mujeres– y perjudica al Partido Demócrata en uno de sus principales feudos hieráticos (su “Bosque Sagrado”: Hollywood) y enloda a los Clinton (Bill, Hillary y su hija Chelsea) y a la pareja Obama (Barack y Michelle).

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