Soy agricultor. Y cuanto más pasa el tiempo, más clara tengo una cosa: la agricultura española no se va a salvar dentro del sistema actual. Ese sistema está diseñado para beneficiar a multinacionales de la distribución, importadores y burócratas, no a quienes producen los alimentos.

La Unión Europea está a punto de ratificar el acuerdo con Mercosur, después de años firmando acuerdos con países extracomunitarios como Marruecos. Todos siguen el mismo patrón: permitir la entrada de productos que no cumplen las normas que se nos imponen a nosotros. Esto no es un error. Es el modelo.

Quien espere que este sistema se reforme desde dentro, se equivoca.
No hay marcha atrás. Solo hay salida.

La preferencia comunitaria no existe

Nos hablan de “preferencia comunitaria” mientras inundan el mercado de productos importados más baratos, producidos con fitosanitarios prohibidos aquí, salarios irrisorios y controles inexistentes. Unas formas de producir que a los agricultores españoles nos llevarían a la cárcel, pero que a los intermediarios que las implementan y a los políticos que las promueven no solo no los llevan a la cárcel, sino que les producen grandes beneficios.

El resultado es simple: producimos con calidad europea y cobramos precios del tercer mundo.

Esto no es globalización. Es destrucción planificada del agricultor europeo.

La venta directa puede ser la solución

El problema no es producir, es a quién vendemos

Durante décadas se nos ha dicho que la solución era producir más, ser más eficientes, integrarnos en cooperativas grandes y “ganar tamaño”. Mentira. Hemos hecho todo eso y estamos peor que nunca.

El problema es a quién vendemos.

Mientras vendamos a intermediarios y grandes cadenas:

– No fijaremos precios,

– No cubriremos costes,

– No tendremos futuro.

La gran distribución no es un socio. Es un parásito que vive de exprimir al productor y engañar al consumidor.

 

Venta directa: la única alternativa real

Digámoslo sin rodeos:
la única agricultura viable en España pasa por la venta directa, sin intermediarios.

No hay otra. Venta directa significa:

– Cobrar precios justos,

– Conocer a quien te compra,

– Decidir qué produces y cuánto,

– No depender de subastas ni de cadenas,

– Recuperar la dignidad del oficio.

Todo lo demás es parchear un sistema que quiere vernos desaparecer.

Huertos y explotaciones alrededor de las ciudades

España tiene millones de consumidores concentrados en ciudades y áreas metropolitanas. Tiene sentido producir cerca de donde se consume, no traer tomates de 2.000 kilómetros mientras se abandona el campo local.

La agricultura periurbana y comarcal no es una moda: es estrategia:

– Menos transporte

– Más frescura

– Más control

– Más relación directa

El futuro no son macro explotaciones orientadas a la exportación a cualquier precio. El futuro es alimentar al consumidor español desde el territorio español.

Los agricultores de España y Europa protestan ante su destrucción planificada

El consumidor español es la clave

Durante años se ha enfrentado al agricultor con el consumidor. Ha sido intencionado. Pero el consumidor no es el enemigo. El enemigo es quien se queda con el margen.

Cuando el consumidor entiende que comprar directo:

– Mantiene agricultores,

– Garantiza alimentos seguros,

– Evita fraudes de origen,

– Reduce dependencia exterior,

– Deja de ser un cliente y pasa a ser aliado.

No se trata de pagar más. Se trata de pagar a quien produce, no a quien especula.


Nuevas tecnologías: romper el control

Hoy tenemos algo que no existía hace 30 años: tecnología para saltarnos el sistema.

WhatsApp, redes sociales, plataformas digitales, pagos directos, logística compartida, venta online local. Todo eso permite vender sin pedir permiso a multinacionales ni a políticos que legislan para ellas.

Cada agricultor que vende directo es un eslabón menos del sistema.
Cada consumidor que compra directo es un voto económico contra ese modelo.

Por eso quieren regularlo, limitarlo y burocratizarlo.
Porque funciona.

Mercosur no es el problema: es la señal

Mercosur no es una anécdota. Es la confirmación de que no contamos. Si se ratifica, el mensaje es claro: el agricultor europeo es prescindible.

La respuesta no puede ser más protestas simbólicas ni más promesas vacías.
La respuesta es salir del juego.

Conclusión: o vendemos directo, o desaparecemos.

No hay medias tintas.
O seguimos dependiendo de intermediarios y acuerdos internacionales, o recuperamos el control de nuestra producción y de nuestros clientes.

La agricultura española no se salvará con subvenciones ni con discursos.
Se salvará cuando el agricultor vuelva a vender directamente a quien se come lo que produce.

Todo lo demás es aceptar la desaparición con buena educación.

Pablo M. Alcaide (Responsable de Agricultura de Democracia Nacional)