Amanecer Dorado no pierde ocasión para demostrar poder de convocatoria. El sábado, unas 2.000 personas respondieron a su llamada para conmemorar en el centro de Atenas el decimonoveno aniversario del incidente de Imia. Se trata de una roca en medio del mar Egeo ­sin categoría de isla y deshabitada, pero reclamada como propia por griegos y turcos, donde murieron tres soldados helenos en 1996 durante una misión de reconocimiento mientras identificaban una embarcación turca.

En Grecia, los nacionalistas siguen manteniendo que fue el ejército enemigo el que derribó la aeronave, aunque la verdad es que los hechos nunca llegaron a aclararse. Sigue siendo un asunto sensible. Sin ir más lejos, el nuevo ministro de Defensa, el líder de Griegos Independientes, Panos Kammenos, se acercó a la isla a lanzar una corona de flores hace unos días.

Pero los hay más radicales, como los concentrados el sábado por el partido de extrema derecha, que no dudan en calificar al Gobierno de entonces (­que decidió dar carpetazo al asunto para evitar una crisis diplomática o una guerra)­ como «traidor» a la patria.

Ha sido la primera salida a la calle de Amanecer Dorado tras su éxito en las elecciones de hace una semana. Consiguió 389.000 votos, un 6,28% del censo, y, lo que es más importante, se convirtió en la tercera fuerza política del país. Quizá por eso se personaron representantes de partidos del mismo signo procedentes de diversos puntos de Europa: el NPD alemán, el Frente Nacional francés y el italiano Liga Norte, entre otros. La derecha extrema, que vive sin duda un momento dulce en todo el continente, tiene en este país un ejemplo de resiliencia.

Además de la demonización por parte del resto de partidos y el ostracismo en los medios, Amanecer Dorado se enfrentaba a un problema añadido para hacer campaña de cara al 25 de enero: la mayor parte de su cúpula está en prisión, acusada de pertenencia a banda criminal.

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