La Tribuna de Cartagena ha publicado hoy, día 16 de Octubre de 2017, una entrevista realizada a Manuel Canduela, presidente de Democracia Nacional, titulada: «La mal llamada «extrema derecha» está muy lejos de mantenerse libre de la contaminación del sistema, de su infiltración o de intereses bastardos».

Democracia Nacional, formación política con casi veinticinco años de antigüedad es una de las formaciones legendarias de eso que ha venido en denominar extrema derecha española. Juan Enrique Peligro Robledo fue su primer presidente y Manuel Canduela lidera el partido desde 2004, un dirigente que procede de las juventudes de Democracia Nacional y que no niega su pasado joseantoniano en la Capital del Turia, su ciudad, en la que llegó a alcanzar cierta notoriedad como integrante de un grupo de música de moda a principio de los noventa. Canduela, nada más llegar al liderazgo de su partido ya sufrió lo que viene siendo tónica habitual “y más que sospechosa” en todas las organizaciones patrióticas: la escisión. Un grupo de destacados dirigentes y militantes de Democracia Nacional abandonaron la organización política y el partido tuvo que rehacerse casi desde cero.

Como les decía, esto es algo casi inherente a todas las formaciones políticas del denominado ultraderechismo y, desde no pocas fuentes, acusan directamente a los servicios de inteligencia del Estado de estar detrás de estas divisiones internas: de hecho, la lista de infiltrados en estos grupos es tan larga como antigua y se remontan hasta la propia transición española, cuando los servicios de inteligencia, entonces dirigidos por Martín Villa como Ministro de Gobernación, hicieron saltar por los aires a la Falange Española de las JONS (Auténtica), un grupo mayoritario dirigido por el entonces joven y carismático líder sindicalista Pedro Conde que, desde unas formas completamente distintas a las habituales en este tipo de grupos, prometía una presencia en el parlamento con varios diputados (según todas las encuestas) gracias a su discurso moderno, alejado de parafernalia militar, leal al pensamiento de José Antonio Primo de Rivera y situado en lo que vendría a ser una gran Izquierda Nacional que no fue posible por la dinamitación que la policía secreta hizo de este partido político.

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