Estamos asistiendo a un debate cada vez más intenso sobre la eutanasia, presentada como una solución ante el sufrimiento. La eutanasia es un síntoma de abandono institucional más que un acto de libertad. Es necesario reflexionar sobre el contexto en el que esta práctica se promueve y las implicaciones morales que conlleva.

La eutanasia, es la muerte asistida y no puede analizarse de forma aislada. Surge en un sistema maquiavélico dirigido por todo tipo de políticos psicópatas, que no ofrecen soluciones eficaces a problemas generados por sus políticas, cada vez más extendidos. Esto a creado grandísimos problemas de deterioro de la salud mental de los ciudadanos y en especial la juventud. La promoción de las drogas ó la perdida de identidad son solo un ejemplo de como nos dirigen a un sistema en el que la muerte asistida será la práctica habitual si no lo frenamos en seco.

En el caso concreto que hoy genera debate en España, el caso de Noelia, una joven de 25 años que fue violada salvajemente, observamos una triste realidad, donde confluyen factores como el fracaso de las políticas feministas con la desprotección de la mujer y su inseguridad. Esta situación debería haber activado todos los recursos del Estado para proteger, acompañar y reconstruir la moral de Noelia y no para abrir la puerta a una solución irreversible y mover la ventana de overton. Ofrecer la muerte como salida, desplazando el foco de la reparación moral y la solución del problema , pero la decisión del sistema en cambio es normalizar el asesinato asistido.

La creciente destrucción de la familia tradicional, como apoyo fundamental, la fé y espiritualidad cada vez más debilitada, se suman en este caso mediático que los medios utilizan para normalizar la muerte asistida.

Desde DN decimos NO a la Eutanasia, pues es una vulneración del derecho a la vida. Una práctica que debería sustituirse por atención médica y paliativa ó en el caso de Noelia, por políticas públicas para proteger adecuadamente a las mujeres.

Una sociedad sana no puede ofrecer la muerte como alternativa, sino que debe garantizar apoyo psicológico, protección y entornos seguros, especialmente para quienes han sufrido violencia o atraviesan momentos de extrema vulnerabilidad. En cambio las leyes y políticas de puertas abiertas junto a las de género, dejan paso a una guerra irreversible. Es preocupante cómo, de manera progresiva, se está ampliando el marco social para aceptar la muerte asistida.

Defender la vida como principio fundamental no implica ignorar el sufrimiento, sino precisamente lo contrario: exige redoblar esfuerzos para aliviarlo sin eliminar a la persona que lo sufre. La respuesta debería centrarse en reforzar los cuidados paliativos, mejorar la atención sanitaria, ampliar el acompañamiento psicológico y fortalecer las redes familiares, sociales y de seguridad ciudadana.

En definitiva, un Estado nacional debe cuidar, proteger y acompañar hasta el final y no facilitar la muerte como solución.

Pedro Chaparro Velacoracho

Presidente de Democracia Nacional.

Chaparro@democracianacional.es